¡Organo de Difusion Virtual del Colectivo Trazando Senderos de la Universidad de Chile! - trazando@gmail.com

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23 de febrero de 2009

Boletin Plataforma Colectiva - Mechones 2009 (Dic. 2008)

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Por estos días estas matriculándote como estudiante de la facultad de Ciencias sociales y tienes en tus manos este boletín para darte la bienvenida a la “U” y al mismo tiempo presentarnos.

Somos un Grupo de Trabajo llamado “Plataforma Colectiva”, que incluye a estudiantes independientes y organizados en el Colectivo Trazando Senderos y en el Frente de Estudiantes Libertarios (FEL). Nacimos a fines del 2008, luego de estructurar un proyecto colectivo para nuestra facultad con el objetivo de que con la unidad de una izquierda distinta, que se sustente en el trabajo de base y de cara a nuestros compañeros, pueda generar una plataforma de organización y lucha para construir una nueva facultad.

Por lo tanto, la razón que nos motiva a organizarnos se sustenta en la conviccion de que es posible construir una facultad de Ciencias Sociales que deje de estar enclaustrada en las lógicas mercantiles a las que ha sido llevada y que avance más allá de su actual carácter contemplativo.
Las ciencias sociales están “cruzadas” de política y vemos como hoy nuestras disciplinas sirven más para el actual proyecto hegemónico que para una transformación radical de todos nuestros espacios de vida.

Somos estudiantes que participamos en colectivos y organizaciones políticas, en iniciativas de educación popular, en colectivos ecológicos, en centros de estudios, en nuestras carreras y nuestros cursos. Te invitamos por lo tanto a conocernos y a informarte, a unirte a la convicción de que sólo organizados con nuestra acción colectiva podremos cambiar todo esto.

Nuestra Lucha es tan justa como necesaria.
Este 2009 a construir movimiento estudiantil y popular


Revisa el Boletin Mechones 2009 de "Plataforma Colectiva" en el siguiente link:

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17 de febrero de 2009

Universidad de Chile Alza 10% sus aranceles.

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Corría el mes de noviembre del pasado 2008, cuando la recién electa directiva de nuestra federación estudiantil (fech) convoco a los estudiantes a discutir la política arancelaria para este 2009, bajo los marco de una mesa de negociación con la rectoría, uno de los pocos frutos resultantes de la fantasmagórica toma de casa central del 2008.

La discusión no constituía algo novedoso para el periodo, pues aunque parezca irrisorio, acostumbramos a discutir estos temas solo semanas antes de que venzan los plazos para el establecimiento de las políticas administrativas de la universidad, situándonos siempre en un escenario desfavorable para negociar y realizar discusiones acabadas sobre este y otros temas.

En este sentido, el diagnostico inicial fue similar al de otros años ya que el fin de semestre parecía atrapar a todos en las evaluaciones finales, lo que sumado a la nula capacidad de discusión, propuesta y acción durante este periodo en nuestras asambleas locales, parecía entregar toda la responsabilidad de la coyuntura a quienes ostentan cargos de representatividad al interior del estamento estudiantil y que conforman el pleno de federación (centros de estudiantes, consejeros fech y mesa directiva fech).

De acuerdo a eso, la tónica del proceso fue el escenario clasico en donde se termina por hacer de la construcción de organización al interior de nuestro estamento, un problema dirigencial de bajo alcance en donde el fondo del problema se deja de lado para dar paso a una discusión tecnicista que “en la medida de lo posible” busca resolver el mal menor, o en este caso “el alza que nos conviene mas”. No fue novedad entonces que la mesa directiva fech presentara el problema de acuerdo a la dicotomía de un alza en base al IRSP (índice de reajuste al sector público) o al IPC, sin siquiera problematizar en los criterios que operan desde rectoría para establecer año a año un alza en los aranceles (que descaradamente anteriormente han alcanzo un 13%), en que se han traducido y traducirán concretamente dichas alzas o en la defensa de un congelamiento total de los aranceles hasta que se hayan dado estas discusiones.

Junto a lo anterior, 2 elementos se proyectaron como el caballo de batalla de los grupos políticos que hoy conducen nuestra federación, por un lado el alza adicional de un 2% (sumado al alza transversal cobrado a los demás) a los compañeros que como tu ingresan este año a la universidad, y por otro lado la materialización de un acuerdo que evitara “las alzas excepcionales” que el año pasado en algunas carreras superaron con creces el alza establecido en la mayoría de las carreras.

La historia, como era esperable, no tuvo un final feliz. Si bien las autoridades dieron garantías de no realizar un alza adicional a los mechones este 2009 y que no existieran alzas excepcionales al acuerdo transversal (una victoria importante para muchos dirigentes), los aranceles se incrementaron en un descarado 10% de acuerdo al reajuste salarial realizado a los trabajadores públicos (IRSP) quedando en evidencia el poco manejo político de muchos dirigentes que se hicieron parte de la discusión estéril sobre “que alza nos conviene mas”, bajo la certeza de que el reajuste salarial de los trabajadores públicos seria bastante bajo, subestimando una movilización que demostró ser una de las luchas mas importantes del ultimo tiempo.

De acuerdo a esto, las enseñanzas que como estudiantes podemos sacar son varias, pero todas tienen su centro en el acoger el llamado a la participación y generación de organización al interior de nuestra universidad. Solo en la medida que nos hacemos parte en la solución de nuestro problemas, podemos hacer avanzar a esta universidad hacia los intereses de las mayorías de nuestro país, el pueblo y sus trabajadores. Los aranceles el otro año serán un tema importante en un contexto de crisis financiera, aumento de despidos y disminución de los beneficios a los trabajadores. La invitación es a empoderarnos de nuestra realidad y ser un aporte mas en la lucha por una universidad publica, de calidad y al servicio de los trabajadores y nuestro pueblo.

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Aranceles Universitarios de Chile dentro de los mas caros del mundo

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El estudio analizó los mecanismos de financiamiento de 24 países. En el caso chileno, el costo promedio de una carrera universitaria es de 3.140 dólares al año.

Una cifra que, según la OECD, coloca a Chile en segunda categoría entre las naciones con mayor nivel de aranceles. La primera, la ocupa solo Estados Unidos, con poco más de 5 mil dólares al año.

En el rango chileno, la OECD también ubica a Australia, Canadá, Japón y Corea. En todos estos países, el costo de los aranceles fluctúa entre los 3 mil y 4 mil dólares.

En una tercera categoría se ubican los sistemas universitarios de Inglaterra e Israel, cuyos aranceles promedio van desde los 2 mil a los 3 mil dólares. En la tercera, Italia, Nueva Zelanda y Holanda, con costos entre 1.000 y 2 mil dólares. Más abajo están Austria, Bélgica, España, Francia, Turquía, República Checa, Dinamarca, Finlandia, Irlanda, Noruega, Polonia y Suecia, con menos de mil dólares al año.La medición fue hecha en dólares PPP (Poder Paridad de Compra) que reajusta los valores para hacerlos comparables.

GASTO FAMILIAR

Los costos del sistema universitario chileno, según este informe, están siendo asumidos en su mayor parte por las familias. Esto, porque Chile presenta también uno de los mayores niveles de privatización de la enseñanza superior, tanto a nivel de matrícula -el 75 por ciento de los alumnos estudia en una institución privada- como de fuentes de financiamiento. Según el estudio, el 85 por ciento del gasto que realizan las universidades en sus alumnos se financia con el aporte de los hogares.Según José Joaquín Brunner, los costos de las universidades están en permanente alza.

La presión por contratar cada vez más a profesores con jornada completa, tener mejor infraestructura y financiar carreras con costos distintos de manera interna (traspasando recursos hacia las que tienen menor demanda), así como la ineficiencia, expresada en las tasas de deserción, hace que las instituciones deban ajustar periódicamente sus valores y traspasarlos a los estudiantes en el costo anual de sus carreras. También cuentan razones de mercado, como la demanda por un área determinada y el factor prestigio que cada institución incorpora.

Claro que el prestigio, por lo menos a nivel mundial, es esquivo para las universidades nacionales. Australia, por ejemplo, con un arancel promedio 700 dólares superior al chileno, tiene a ocho de sus universidades entre las 100 mejores del mundo, según el último ranking Times. Canadá (3.464 dólares) tiene a seis y Japón (3.920 dólares) a cuatro. E Inglaterra, cuyo arancel promedio es casi US$ 1.300 menor que el chileno, tiene a 19. El primer plantel chileno en aparecer en este listado, sin embargo, es la Universidad Católica que está en el puesto 239.

GASTO POR ALUMNO SE MANTIENE

Entre 1995 y 2004 el gasto total de Chile en educación creció desde un 1,5 por ciento del PIB a un 2 por ciento, según las cifras entregadas en el reporte de la Oecd. Pero, pese a este aumento en el ingreso de dinero al sistema, el gasto por alumno es relativamente bajo, sobre todo si se le compara con este mismo ítem en los países que se ubican en el mismo rango de aranceles promedio: 7 mil dólares PPP aproximadamente en el caso chilenos, frente con los 15 mil dólares PPP que invierte el sistema universitario australiano y los 13 mil dólares PPP que gasta Japón.Además, en Chile, el gasto por alumno se ha mantenido estable, en gran medida debido a que la matrícula ha crecido significativamente en el último tiempo, sobre todo entre los quintiles más bajos de ingreso.

¿Cómo financiar los estudios de quien no puede pagar, tomando en cuenta las características marcadamente privadas del sistema universitario nacional?. La discusión del Consejo Asesor Presidencia para la Educación Superior se preocupó especialmente de este punto. Allí se estableció que el estado debe apoyar a los alumnos vulnerables, independiente de la institución que elijan para segur estudios.

Otra de las recomendaciones de la mesa asesora fue mejorar el mecanismo de financiamiento estatal a las universidades para avanzar hacia un sistema que entregue dinero en función de resultados en el desempeño, ya sea a través de convenios o de fondos concursables para apoyar a instituciones que se destaquen por su calidad.


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http://www.elclarin.cl/index.php?option=com_content&task=view&id=11534&Itemid=45

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Luchar por el derecho a la educación para reconstruir el movimiento popular - Balance 2008

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Varios sucesos ocurridos este año, en especial las movilizaciones estudiantiles de rechazo a la LGE, nos abren un espacio de reflexión donde elaborar insumos para el trabajo práctico.

El primero de ellos, guarda relación con el balance de las movilizaciones del 2006, las cuales desde la perspectiva que da el transcurso de 2 años nos permiten observar con claridad que dicha coyuntura, a pesar de su carácter inédito en cuanto masividad alcanzada, en lo sustantivo no significó avances concretos para la reconstitución del movimiento popular (más allá de las experiencias valiosas adquiridas por miles de estudiantes de la necesidad y el valor de alzarse ante las injusticias): no sólo se ha vivido un proceso de decadencia y desarticulación de las organizaciones estudiantiles, sino que además son los administradores políticos del Chile neoliberal y la esencia misma del modelo, quienes salieron fortalecidos con una ley igual de mala, pero con legitimación “democrática”.

Es necesario ser lo suficientemente autocríticos reconociendo que para la Inmensa mayoría de los chilenos la protesta estudiantil de este año fue comprendida como impertinente, puesto que los políticos ya habían escuchado las demandas e incluso generosamente se habían puesto de acuerdo para derogar la LOCE cambiándola por una nueva ley. Por lo tanto, la explosión detonada dos años atrás por la masiva toma de conciencia de que el sistema educacional chileno, heredado de la dictadura, reproduce y profundiza las desigualdades sociales, trajo consigo paradójicamente la relegitimación del mismo: el cambio del envoltorio legal, desde uno autoritario a otro democrático, contribuye actualmente a obscurecer el problema de fondo.

Por otra parte, en 2008 se hacen claros dos aspectos problemáticos, uno referido al cómo nos organizamos para luchar y otro respecto a las demandas.

Este año nos pilló sumamente desorganizados. En el nivel de los referentes sociales aglutinadores se demostró un alto grado de descomposición: la CONFECH de los universitarios no logró cuajar una protesta nacional; los secundarios no pudieron reemplazar el antiguo ANES encontrándose sumamente fragmentados; y los diversos intentos levantados desde distintas organizaciones políticas nunca prosperaron.

Todo esto, además de advertir sobre la incapacidad de coordinarse de los centros de estudiantes, asambleas y federaciones, también sugiere la inconsistencia de la política efectuada: sin contenidos que señalen perspectivas es casi imposible unificarnos en nuestra diversidad.

En la Universidad de Chile, la movilización tuvo características similares. Mientras diversas facultades ensayaban por separado distintas formas de sumarse a la pelea que iban desde las tomas y paros, combinándolo con la participación en la ACEUS y/o en algún cordón comunal, la FECH ni siquiera lograba realizar sus plenos por la inasistencia reiterada de concejeros y centros de estudiantes. Ante esto, nuestra federación opta por apoyar con recursos a la ACEUS, intentando figurar en la medida de sus posibilidades.

En el segundo aspecto, se puede señalar que en vastos sectores movilizados se confundió la demanda de rechazo a la LGE, sobredimensionando al entramado legal como causa principal de las problemáticas educacionales. Llevándonos a participar de una disputa donde de uno u otro modo la situación concreta y cotidiana de los establecimientos educacionales seguiría igual.

Este error nos situó en un plano donde la discusión era si el lucro se haría sin escrúpulos o se tendría que disimular.

En síntesis, se hace patente la necesidad de ubicar en la centralidad de nuestras prácticas el objetivo estratégico de reconstruir movimiento popular, considerando que éste no es una suma inorgánica de explosiones sociales esporádicas, sino que muy lejos de ello, es el complejo cuerpo tejido entre organizaciones sociales, referentes aglutinadores y organizaciones políticas, por lo que reconstruir movimiento popular no exige únicamente agitar banderas reivindicativas e ideológicas, sino que por sobre todo multiplicar y fortalecer la organización en todos sus niveles, entendiendo que el saber cómo nos organizamos más y mejor es sólo un aspecto del problema, puesto que no podemos dejar de lado la urgente necesidad de dotarnos de contenidos certeros.

Mientras no haya movimiento popular, las fisuras coyunturales que se logren abrir seguirán siendo capitalizadas por los administradores políticos del Chile neoliberal, manteniendo su carácter esencialmente injusto y deshumanizante. Con esto, la perspectiva de trabajo en la dimensión reivindicativa queda erigida como movilizarse por las demandas educacionales, para generar poder acumulando parte de los elementos que hacen posible reconstruir el movimiento popular. La educación que queremos necesita de una nueva sociedad, esa nueva sociedad necesita del movimiento popular para ser una posibilidad real.

Pero ¿Cómo llevamos esto a la práctica? A continuación te presentamos dos experiencias concretas que entendemos avanzan en ese sentido, en las cuales hemos intentado hacernos parte del modo más constructivo posible, pero teniendo presente siempre que se trata de espacios de trabajo pertenecen a todos y todas las personas que le han dado vida participando activa y cotidianamente, a los estudiantes muchas veces anónimos y silenciosos que construyen de este modo el trabajo político real más allá de las coyunturas.

Del análisis anterior se desprende la necesidad imperiosa del trabajo de base, y de tener la capacidad de aglutinar y direccional nuestras discusiones y planteamientos hacia diagnósticos y demandas concretas. En suma, planteamos que los espacios de construcción y acumulación de fuerzas para el movimiento estudiantil sólo pueden sustentarse con el trabajo del día a día.

Ante la incapacidad de los antiguos referentes de hacer confluir los criterios surgidos de los diversos sectores agrupados en espacios locales, en Ñuñoa se apostó por la coordinación territorial. Estando nuestro campus en toma se comenzó una coordinación con los estudiantes secundarios de Ñuñoa y sus alrededores, quienes ya habían apostado a construir nuevas instancias articuladoras territoriales para reunificar el movimiento estudiantil secundario, conformando la Coordinadora de Estudiantes en Lucha (CEL).

Se comenzó así un trabajo de articulación territorial con participación de compañeros de todo el campus, y también de compañeros de las universidades del sector (UTEM, Pedagógico y Campus Oriente UC). Allí se compartieron diversas perspectivas y diagnósticos, y a partir de las necesidades e inquietudes particulares de cada lugar se coordinaron trabajos en común, como la creación de propaganda para agitar los conflictos en distintos colegios, la organización un masivo acto político-cultural en Plaza Ñuñoa, y la realización de foros informativos sobre la LGE.

La apuesta por la articulación territorial, a pesar de tener como problema la incapacidad de generar referentes masivos a nivel nacional, tuvo la virtud de permitir la confluencia de la experiencia de los distintos espacios locales, lo que ha servido para conocer y trabajar más ampliamente en el sector donde nos estábamos desenvolviendo, superando otras instancias de organización estudiantil debilitadas por la poca participación. Se lograron además aunar criterios en común, distinguiendo la necesidad de articularnos entre universitarios y secundarios para enfrentar juntos los problemas de la educación, y que esta unión no está condicionada por un petitorio, sino por el trabajo de base capaz de sustentar el movimiento y la organización estudiantil, entendiendo que el contenido de nuestras demandas y la dirección que seguirán nuestros pasos deben venir desde abajo, desde los espacios en donde todos los estudiantes podemos informarnos, pensar, opinar y decidir.

Las movilizaciones de este año ya pasaron, sin embargo, el trabajo de articulación territorial se presenta como una alternativa para mantener los lazos entre estudiantes universitarios y secundarios, con el objetivo de que el movimiento estudiantil supere la coyuntura manteniendo su cohesión, aprendiendo de lo que ya quedó atrás y acumulando fuerzas para las luchas que sin duda vendrán más adelante. Se trata entonces, ante todo, de una estrategia de recomposición del tejido social desgastado y empobrecido luego del 2006, con miras a una eventual y pronta rearticulación a gran escala, capaz de dar una pelea que sepa ir más allá de lo que fue cuando se derribó la LOCE.

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16 de febrero de 2009

Paso a paso se rearticula el campo popular - Abril 2008

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El año 2007 mostró la confirmación de que nuestro país está comenzando un nuevo periodo. Si desde hace un tiempo era visible que la etapa de desmovilización, desarticulación y retroceso de las fuerzas populares estaba empezando a cerrarse, hoy en día es aún más claro.

Diversos acontecimientos de suma importancia se han desarrollado este año. En primer lugar, las movilizaciones de distintos sectores de trabajadores: los forestales en Abril y Mayo, los contratistas de Codelco en Junio y Julio, y más recientemente los salmoneros; por otro lado, la intensificación del conflicto mapuche, que dejó un nuevo muerto a causa de la represión policial; además de la actividad, nos muestra una dinámica de rearticulación del campo popular bastante intensa. De este modo, podemos afirmar que nuestro país comienza a estar más en sintonía con la nueva situación mundial, dentro de la cual América latina se ubica a la vanguardia de la resistencia de masas contra el neoliberalismo. Sin embargo, creemos que esta rearticulación en Chile está recién en una etapa inicial, mucho más atrás que las experiencias que se observan en otros países, como Bolivia o Venezuela.

Este proceso de rearticulación del campo popular se está desarrollando en un contexto de potenciales cambios en el escenario político nacional, dentro del cual, su principal característica es el agotamiento por el que atraviesa la Concertación. Agotamiento que ocurre fundamentalmente por el debilitamiento del discurso Concertacionista, basado en la dicotomía dictadura/democracia (propio de la supuesta transición a la democracia), que le permitía jugar el rol de contenedora de la lucha social. Dicho desgaste se está produciendo debido al absoluto continuismo de la Concertación con respecto a la obra de la dictadura, y por ende por la nula mejora de las condiciones de vida del pueblo trabajador.

Por otro lado, la Concertación se ha alineado absolutamente con los organismos empresariales, que piden la más dura represión para contener la movilización social, con el fin de proseguir con aún más reformas neoliberales. En este contexto se puede entender el giro mucho más represivo que ha tomado el gobierno en su “segundo tiempo”, a diferencia del “gobierno ciudadano” del primero.

Esta recomposición de las luchas de los trabajadores y otros movimientos sociales, nos impone, a nosotros los estudiantes universitarios, la necesidad de replantear nuestra política como movimiento. Así surge la siguiente disyuntiva: seguir llevando a cabo una política ensimismada en nuestros intereses gremiales inmediatos, o comenzar a construir una política que supere dichas demandas, no suprimiéndolas, si no enlazándolas con demandas que puedan objetivamente unir a los diversos sectores en lucha, cuestionando la hegemonía ideológica y el sistema económico en el que ésta se apoya. Una política de este tipo claramente no puede permanecer dentro de los estrechos márgenes universitarios, ni siquiera de los del ámbito educacional. El derecho a la educación se transforma en una demanda colectiva sólo cuando es capaz de ser la lucha de todo un pueblo.

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La universidad en el Chile Neoliberal - Marzo 2007

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El trabajo político universitario debe ser fundamentalmente un trabajo que apunte a revivir el vínculo universidad-sociedad y que lo plasme en su actividad, siendo en consecuencia un medio y un fin. Este trabajo debe terminar la falsa dicotomía de la universidad con su exterior, como una instancia aislada del mundo social y hecha sólo para la actividad intelectual de los estudiantes ubicada en la nada.

La política universitaria dirigida solo a problemas internos y propios, ensimismada en problemas de excelencia académica –sin antes ver en qué aportar críticamente con nuestra educación para la realidad social-, apuntando a ser excelentes donde necesariamente otra educación no debe serlo, y que en alguna ocasión discute su relación con el Estado pero solo en términos de forma financiamiento y sin discutirle el fondo de éste según el rol político de esta educación financiada, apunta a una lucha gremialista: un gremio lucha por mejorarse y se desentiende de otros gremios. Este camino político deprime la unión de las luchas sociales al entenderse al secundario luchando en una dirección con un tema propio, al universitario en otro camino con un tema suyo, y a trabajadores con otra vía en temas particulares a ellos; cuando, finalmente, todos estos actores sociales deben hacer ver coherentemente sus problemas como algo derivado de una única lucha social si es que quieren abandonar efectivamente la ceguera.

La hegemonía del gremialismo, que hace olvidar cada vez más el mundo social para la ensimismada universidad, se plasma finalmente, para exponer su triunfo, en una generalización del individualismo. El estudiante universitario deja de motivarse por el resto de la sociedad y olvida el fundamento del porqué estudia, cuando todo conocimiento que adquiere es un conocimiento dado para aplicarlo críticamente en la realidad social.

Olvida que debe retribuirle a la sociedad su condición acomodada de estudiante; mas aun, no debe retribuirle, sino que lo hace, antes de entenderlo como una obligación, como un resultado obvio al ser ya conciente de su utilidad en la aplastante realidad económica chilena, realidad del neoliberalismo que agudiza cada vez mas las luchas sociales donde nos enmarcamos y que las cruza todas. Es el neoliberalismo que trastoca nuestra educación para que esta no se desarrolle contra él.

El individualismo generalizado empobrece las relaciones sociales y las deja interactuar en un acotado marco. Aquí, el punto básico a promover en nuestra labor, promover la organización, es lo exactamente negado por este individualismo: se desconoce la organización como forma válida para relacionarse y alcanzar objetivos comunes. Primero, ni organizarse en cualquier aspecto, y segundo, ni organizarse para acabar a falsa dicotomía universidad/sociedad.

Contra toda esta realidad, se debe ir construyendo organización universitaria que vaya retomando nuevamente nuestra vinculación al mundo social, según vaya legitimando dicho camino. Es hacer amistosa la universidad a medida que se va abriendo de su actual encerramiento.

Abrir la universidad entendido como dos planos: por un lado, como salir a trabajar desde ella, como podría ser en luchas de mallas por ramos obligatorios para aplicar nuestro conocimiento a un trabajo social, como podría ser instancia autónomas de organización desde nuestras facultades para trabajar en algún objetivo común de la realidad social si nuestra carrera no se facilita para un trabajo social; y, por otro lado, como dejar entrar el mundo social a nuestra universidad, al hacerlo un lugar abierto que permita dejarse ser utilizado efectivamente por la sociedad a la que apunta para no extrañarse como aislada.

El planteamiento de trabajos sociales como parte de la malla plantean otra discusión: el enfrascamiento en las disciplinas, es decir, el tema de que algunas carreras plantearían un rango muy limitado de intervención social. Se cree posible, juntamente, plantear la flexibilización disciplinaria dentro del marco del trabajo de índole social.

El anterior trabajo para poder concretarse debe ser necesariamente antecedido por un análisis de las potencialidades reales que tengamos como sector (no sirve de nada proponerse el “deber ser” de mil pegas, si en la realidad no existen fuerzas para concretarlas). Proponemos empezar este análisis llevando a cabo un catastro de las iniciativas ya existentes que de uno u otro modo, pretendan establecer esta relación bívoca entre la U y la Sociedad; para luego plantear el trabajo eminentemente político) de proyectarlas hacia un mismo proyecto.

Otra arista de importancia que vemos en cuanto al vínculo de lo que puede ocurrir en la universidad y el resto de la sociedad, y que se ve estrechamente ligado a lo anterior (la separación resulta solamente analítica) es el rol que se pueda cumplir como movimiento estudiantil en cuanto fuerza política que se pueda articular con otros sectores. Esto parte por la crítica al movimiento estudiantil como está y al pensar las diversas formas con las que se puede articular y transversalizar con otros sectores, claramente no desde la idealización de viejas fórmulas como “la unidad obreroestudiantil ” (no es que se descarte de plano la importancia de la clase trabajadora, esto pasa más que nada por mirar más allá de fetiches y fórmulas preconcebidas).

Es necesario destacar que el estudiante en muchos casos es también trabajador, y que la U no contempla eso. La U no está pensada para un estudiante que además deba producir sustento familiar, por ejemplo, o en muchos casos, financiar su propia educación o costos de permanencia (materiales, movilización, alimentación, etc.). En cuanto a horarios, en cuanto a tipos de financiamiento, etc. Se cree necesario plantear esta reivindicación, ya sea canalizada en la demanda de flexibilidades horarias o derechamente, de posibilidades vespertinas.

*Extraido del congreso fundacional de Trazando Senderos

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Participacion Estudiantil: Diagnostico y proyecciones - Marzo 2007

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Lo primero que debemos notar al momento de hacer política en nuestro contexto social, es que vivimos en un país cuya sociedad, por distintas razones históricas, no incentiva la participación es posible encontrar un sujeto social bien constituido ni con conciencia de su rol social, así como tampoco de los grandes cambios que, de estar organizado y politizado en un grado avanzado (lo cual implica un enorme trabajo político que hoy no se ve por ninguna parte que esté funcionando ni surtiendo efecto), podría desencadenar en la sociedad chilena aportando desde su sector respectivo (la educación) al conjunto de demandas sociales existentes.

Podemos entender esto en tres niveles:

  • La FECH no tiene una estructura que incentive realmente la participación, y su trabajo político hadecaído notablemente; prueba de ello es el hecho de que en el último año aproximadamente 300 votos hicieron la diferencia para lograr el quórum necesario para elegir una federación.
  • Los CCEE de cada espacio local tampoco han logrado dar con una estrategia política ni una estructura capaz de dotar de herramientas efectivas de participación que se traduzcan en niveles, tanto cualitativos como cuantitativos, que puedan ser llamado “representativos”, es decir, que participe la mayoría, y no solo un pequeño sector, el “activo político”
  • Todo esto, junto a las condiciones sociales del Chile actual, sus normas jurídicas y especialmente una tradición conservadora desde el punto de vista de político (engendrada en la dictadura y mantenida por la Concertación), implica que la participación estudiantil en el ámbito universitario esté en franca decadencia.

A la hora de ver y analizar la participación política en nuestro espacio de acción, debemos aclarar que hay dos formas en que esta se expresa: la estructura que la regula (estatutos de organización) y el nivel de participación que hay en ella, ambas igualmente importantes. No es fácil que la participación estudiantil se engendre en un marco normativo poco democrático que no lo incentive y, en el mejor de los casos, que significaría una participación mayoritaria de la comunidad estudiantil, estos marcos se verían ampliamente rebasados y su existencia daría lugar necesariamente a otra estructura organizativa concordante con la situación determinada. Del mismo modo, una participación estudiantil reducida inserta en una estructura de democracia directa (por poner un ejemplo extremo), no daría ningún resultado y la participación quedaría adscrita a los mismos de siempre.

En resumen, estatutos democráticos no hacen más y mejor democracia por si solos, ni la participación democrática y mayoritaria de estudiantes es promovida y mantenida sin estructuras que den cuenta de su capacidad real.

Entre otros factores que inciden a la hora del análisis, podemos mencionar la falta de una propuesta que aglutine a los estudiantes y los incentive a movilizarse por un objetivo en común, entendido como un proyecto de universidad, engarzado a su vez con un proyecto país al cual pretenda darle forma, lo cual efectivamente ocurrió históricamente en la Chile, al menos hasta 1973. Junto con esto, y como efecto colateral de lo mismo, no existe una estrategia movilizadota que permita generar amplios consensos, necesarios para lograr la cohesión del movimiento.

Otro hecho, y no menor, es el de los dirigentes políticos en la Universidad. Las características de la sociedad traducidas a la política tradicional y específicamente al ámbito universitario, han generado un fenómeno extraño: los dirigentes, lejos de ayudar a incentivar, organizar y movilizar a las bases en pos de los objetivos políticos de turno, han ido creando una dependencia desmovilizadora, en la cual muchos estudiantes desinteresados del tema de política y participación, se han desentendido del tema depositando toda la responsabilidad en los dirigentes; como ejemplo tenemos a grandes cantidades de estudiantes que entienden los procesos políticos de la Universidad como una mera función del presidente de la FECH, o más localmente, del CCEE, delegado de carrera o de curso respectivo.

Con todo esto, creemos que es posible sistematizar la discusión del tema de participación estudiantil en la Universidad de Chile observándolo desde 4 prismas, complementarios y nunca desligados entre si:

  • La crisis de los dirigentes

  • La falta de un proyecto de Universidad pública engarzado en un proyecto país.

  • La crisis de participación tanto en las instancias institucionales de la U, como en las promovidas y creadas por los mismos estudiantes.

  • Un plan de acción capaz de ligar efectivamente todos estos temas en una estrategia movilizadora

¿Cómo mejorar entonces la participación estudiantil en nuestra U?

La solución a estos problemas, pasa necesariamente por un análisis estructural de los tipos de estudiantes, las organizaciones existentes y las relaciones de los estudiantes con ellas, mediadas principalmente por algún problema a resolver.

Esto mismo es necesario hacerlo en cada facultad, para comprender bajo qué dinámicas están funcionando las organizaciones con los sectores políticamente activos, los que se preocupan al menos de informarse y, finalmente, los que se desinteresan totalmente del tema. Esto es útil ya que, en primer lugar, permite aprender de los errores hasta ahora cometidos y en segundo lugar, porque es imprescindible a la hora de elaboraruna táctica que fomente la participación acorde a la realidad de cada espacio.

Luego de esto, algunos elementos recogidos en la discusión fueron los siguientes:

  • Es necesario incentivar la capacitación de dirigentes de base, capaces de hacer llegar las inquietudes macro a espacios micro, y viceversa. La capacitación tomaría la estructura de espacios de autoformación dirigencial con documentos base para actuar políticamente en nuestros sectores y universidad en general (documentos oficiales, estatutos, leyes, proyectos, historia local y universitaria, etc). Es una labor de todos apoyarla.

  • Es una labor de todos apoyar la reformulación de organización institucional más democrática, es decir, lograr que los estatutos de los modos de organización que rigen institucionalmente a las facultades sean más democráticos, pero siempre teniendo en cuenta la realidad de cada espacio (sin idealismos ni pesimismos vanos)

  • Es útil políticamente, además de ser una herramienta crucial para hacer sentir a los estudiantes comunes la política como parte necesaria de su proceso en la U, el traducir los problemas políticos estructurales y transversales de ésta, a problemáticas sociales cotidianas, fomentando así la movilización por reivindicaciones de importancia inmediata, como paso estratégico para dotar al estudiantado de confianza en la organización estudiantil como arma de lucha efectivamente funcional.

  • Es crucial hacer todos los esfuerzos posibles para que la información que maneja el activo político, pueda llegar a todos los sectores, socializando la política y haciéndola más atractiva.

  • Es preciso hacer entender a los estudiantes en general que lo político no solo hace referencia a orgánicas políticas, sino que es una práctica social que se puede dar tanto dentro como fuera de organizaciones constituidas.

  • Para darle forma a una movilización útil para conseguir fines que se propongan, es clave tener un plan de acción material para llevarlo a cabo.

Finalmente, es preciso agregar que estas respuestas generan a su vez más preguntas, cuyas respuestas deben ser respondidas socialmente por el conjunto de los actores interesados en los temas.



*Extraido del congreso fundacional de Trazando Senderos

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